Utilizando una analogía con la comunicación verbal, la mejor comprensión se logra cuando el hablante tiene suficiente volumen, articula bien y transmite claramente el mensaje, lo que permite una comunicación fluida. La mejor calidad se alcanza con volumen alto y claridad; seguido por volumen bajo pero habla clara; luego volumen alto pero sin claridad, y el peor caso es volumen bajo y sin claridad. En esta analogía, el volumen representa el RSSI (intensidad de la señal), y la articulación y claridad representan el factor de calidad (efectividad de la señal). Al comparar los niveles segundo y tercero, la claridad (factor de calidad) es más importante que el volumen (RSSI).